Existe en la ciudad de León una estatua dedicada a uno de los reyes más importantes de la historia del reino de León, Alfonso IX. Este nació en Zamora en el 1171 y ya desde muy pequeño debió enfrentarse a grandes dificultades. Fue el primogénito de Fernando II y de Urraca de Portugal, pero su herencia no fue sencilla, ya que su madrastra Urraca López de Haro deseaba que se proclamara como rey a su hijo Sancho. La proclamación de Alfonso IX como rey llegó a la edad de 17 años, y rápidamente vio cómo Portugal y Castilla estaban muy interesados en hacerse con parte de sus dominios. Además, los almohades suponían también una grave amenaza por el sur. A todo ello se sumaba la pésima situación financiera del reino, que estaba en bancarrota cuando accedió al trono.

Ante esta problemática, una de sus primeras decisiones es llamar a Cortes Generales. Viendo lo complicado de la situación, y que necesita un gran consenso para salir adelante, se reunieron en San Isidoro todos los obispos del reino, así como los nobles y los representantes de las ciudades: León, Oviedo, Salamanca, Ciudad Rodrigo, Zamora y Astorga. Este hecho singular está considerado como el inicio del parlamentarismo en Europa.

Castilla y Portugal iniciaron rápidamente campañas para ganar plazas en ambos flancos del reino, por lo que el Rey utilizó la diplomacia para casarse con la Infanta Teresa de Portugal. Este matrimonio fue anulado a los tres años por consanguinidad, aunque tuvieron en tan breve tiempo ya tres hijos. El Papa Celestino III los excomulgó por esta razón.

En el año 1191 firmó una tregua con los almohades para una duración de cinco años, ya que se sentía amenazada por superioridad militar de estos. Este acuerdo le valió volver a ser excomulgado por Celestino III. Por ella, el Papa alienta a atacar contra el Reino de León con la misma energía que se podía hacer lo propio contra los infieles, de modo que Portugal invadió Galicia y Castilla atacó Benavente y Astorga. Alfonso IX recibió la inestimable ayuda de los almohades, lo que le permitió contraatacar a Castilla. Tras varias batallas, el legado pontificio medió y concluyó un acuerdo de paz por el que se devolvían los castillos contrarios apresados, así como se concertaba el matrimonio de Alfonso IX con Berenguela, hija mayor del Rey de Castilla Alfonso VIII. No obstante, continuaron las tensiones entre ambos reinos, ya que Castilla se retrasaba en la devolución de los castillos, y León no participó en la Batalla de las Navas de Tolosa, para la cual el Rey de Castilla había pedido el apoyo de todos los reinos de la península. Sin embargo, sí acudieron algunos nobles, vasallos del Rey de León. Mientras tenía lugar la batalla, el rey Alfonso IX aprovechó para hacerse con los castillos que aún no le habían devuelto.

A la muerte del rey Alfonso VIII, la mujer de Alfonso IX pasó a ser regente, y posteriormente su hijo Fernando III sería coronado como Rey de Castilla, por lo que las batallas con Castilla estaban solucionadas, al heredar éste el Reino de León a la muerte del rey. Desde entonces pudo centrar sus fuerza en el combate contra los musulmanes por el sur, conquistando Cáceres, Badajoz, Mérida y Elvas entre otras. Para dar gracias por estas conquistas, peregrinó hacia Santiago, aunque durante el camino cayó enfermo y falleció.

En cuanto a su gestión del reino, los logros más destacables son: la repoblación de gran parte del reino mediante la otorgación de fueros; el florecimiento de la agricultura y la ganadería, lo que posibilitó el saneamiento las cuentas; y por supuesto la creación de la Universidad de Salamanca.