La Casa Fernández y Andrés, más conocida como Casa Botines, es una de las tres obras que realizó Gaudí fuera de Cataluña, junto con la Casa Episcopal de Astorga y El Capricho de Comillas. Se edificó en estilo neogótico con aires modernistas, estilo característico de Gaudí, entre los años 1891 y 1894. Es interesante destacar que, para realizar el proyecto, el arquitecto estudió antes los principales monumentos de la ciudad, para que el diseño no se saliera mucho de la estética de la ciudad de León.
Gaudí estaba realizando la Casa Episcopal de Astorga cuando Eusebi Güell le recomendó para la construcción de la sede de una empresa textil. Los dueños de la empresa, Simón Fernández y Mariano Andrés, de ahí el nombre de la casa, le encargaron el proyecto. Se trataba de un edificio de viviendas con almacén, al estilo de los que ya existían en Barcelona o Paris. Se puso de apodo al edificio el nombre del antiguo propietario, Joan Homs y Botinas.
El diseño se realizó con la idea de darle aires de palacio medieval, con abundantes elementos neogóticos, entre los que destacan las cuatro torres cilíndricas rematadas con pináculos. Se levantó el edificio en un solar con planta trapezoidal, rodeado de un foso con rejería de forja y con cubierta a cuatro aguas.
La fachada se levantó con una sillería almohadillada de piedra caliza toscamente labrada, la cual le da a la construcción un aspecto medieval. Cuenta con 365 ventanas lobuladas; como curiosidad, una por cada día del año; geminadas, tri-geminadas, simples, etcétera. La puerta principal está realizada en hierro forjado, y en su parte superior se ubica la imagen de un león, que hace referencia a la ciudad.
La construcción se llevó a cabo por un periodo de 10 meses únicamente, lo que resulta realmente sorprendente para la época. Esta celeridad dio pie a que existieran rumores de fragilidad del edificio, por lo que se decidió encargar un informe técnico para certificar el buen estado del mismo.
El edificio cuenta con 4 pisos, un ático y una planta sótano. Las viviendas destinadas a propietarios se ubican en el primer piso, mientras que los pisos más altos estaban destinados al alquiler. En la planta baja se encontraban las oficinas, y los sótanos se destinaron al almacén de la empresa textil.
Se crearon cuatro portales, uno por cada fachada, para separar el uso público del privado. La de la plaza daba a la tienda y a las oficinas; el posterior daba al almacen, y los laterales a las viviendas.
En las plantas destinadas al uso comercial se usó el sistema de planta libre. De esta forma, se evitaban grandes muros de carga, que venían sustituidos por 28 pilares de hierro colado de solo 20 centímetros de diámetro, lo que otorga una mayor amplitud. Esta solución se usó mucho a lo largo del siglo XX en todo tipo de grandes superficies.
En 1969 Caja España se convirtió en propietaria del inmueble, destinándolo como sede central de la entidad financiera. Se llevó a cabo una restauración, respetando el diseño original y se eliminaron añadidos de reformas posteriores. Actualmente se llevan a cabo en él exposiciones y también se sitúan las oficinas de la caja de ahorros.
La entrada principal se encuentra coronada por la escultura de San Jorge matando el dragón, en piedra. Como curiosidad, durante unos trabajos de restauración llevados a cabo en 1950, se descubrió un tubo de plomo en su interior, el cual albergaba en su interior los planos originales, firmados por Gaudí, junto con recortes de prensa de la época, para darle verosimilitud.
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